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Haz zoom en el interior.
El terciopelo, las cortinas y el cierre del espacio hacen que esta pieza no se entienda solo desde fuera. También está pensada para aislar, resguardar y dar comodidad.
Si pensabas que el tráfico de Madrid es un invento moderno, mira cómo se movía la reina Bárbara de Braganza. Esta silla de manos era el transporte de lujo para los desplazamientos cortos dentro de los Reales Sitios. Aquí no había ruedas ni asfalto: te llevaban en vilo, literalmente.
No es solo un medio de transporte; es una cápsula de diseño. Por fuera, la talla de rocalla y los paneles pintados convierten la pieza en un pequeño teatro rococó. Por dentro, el terciopelo carmesí bordado en oro y las cortinas a juego la transforman en un espacio cerrado, cómodo y sofisticado. Era la forma perfecta de moverse sin cansarse, sin exponerse demasiado y sin perder nunca la dignidad real.
Es un objeto que resume muy bien la vida en la corte borbónica: privacidad, comodidad extrema y una puesta en escena constante. Incluso para ir de una estancia a otra, la imagen lo era todo.
1500
1500
1752-
1758