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Fíjate en la rareza del sillón: tiene solo tres patas.
Es uno de esos detalles que obligan a mirar dos veces. A su alrededor, el bordado convierte todo el conjunto en una auténtica exhibición de riqueza y refinamiento.
A primera vista puede parecer una pieza de corte más, pero basta fijarse un poco para entender que aquí nada está puesto al azar.
El besamanos de María Luisa de Parma estaba pensado para impresionar desde lejos y deslumbrar de cerca. El conjunto, formado por sillón y dosel, convierte la recepción de la reina en algo mucho más que un gesto de protocolo: seda verde claro, bordados de plata sobredorada y una superficie cargada de lentejuelas, cordones y motivos decorativos que casi no dejan descansar la vista.
Por eso esta pieza dice tanto. No habla solo de lujo, sino de una corte en la que la autoridad también se construía a través de la materia, el color y el ritual. Incluso un acto tan codificado como el besamanos necesitaba una escenografía a la altura.